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Una experiencia inolvidable


Hoy ha sido uno de esos días en los que uno cumple uno de sus deseos. Un deseo de esos que no sabes si en realidad se cumplirá en algún momento, o permanecerá para siempre en el apartado de deseos personales. La culpa de tan agradable cumplimiento la ha tenido mi pareja, que tuvo a bien regalarme un alquiler de un Ferrari F430. Iba a poder sentir el poder de 490 caballos de potencia debajo de mi pie derecho, y todos ellos aposentados justo detrás de mi. No podía creerlo, y hoy ha sido el día en el que esa experiencia se ha cumplido gracias a la gente de GT Club, que nos ha tratado estupendamente en todo momento. Quería compartir con todos vosotros la experiencia, y contaros como ha sido, tratando de transmitiros las emociones que he sentido a cada momento.

La cita era a las 11.00 de la mañana. Hemos llegado a las instalaciones de GT Club en Pozuelo de Alarcón donde Raúl García nos ha recibido amablemente. Durante el inevitable papeleo de seguros, y demás, hemos ido hablando con Raúl, que nos ha confesado ser un seguidor de los rallies, algo normal trabajando en un negocio como este. Minutos después, mientras Raúl nos comentaba que hay todo tipo de clientes, y que alguno les ha dado algún que otro susto, nos dirigíamos hacia el garaje. Yo había conducido coches potentes en otras ocasiones, pero nunca por encima de los 300 caballos, ni un GT de similares características. Otro tema que me rondaba en la cabeza era que tal me apañaría con el cambio en el volante. Nunca he sido amigo de los coches automáticos, pero esto es muy distinto. Estaba deseando ponerme al volante de semejante aparato, y cuando por fin hemos llegado al garaje, Raúl ha abierto una puerta, y han aparecido un F430 Spider, y el precioso F430 rojo que era el que conduciría en unos instantes.

Raúl ponía en marcha el coche, y el sonido era espectacular. Mientras se calentaba el coche, hablábamos sobre los Ferrari 360 de Piedrahita y los resultados que tuvieron en el nacional de rallies la pasada temporada. Hablabamos de que el excesivo tamaño de los coches, no les permitía suplir con su potente motor lo que perdían en las curvas, pero que en cualquier caso, lograr un cuarto puesto con un coche así es un resultado bastante digno.

Seguíamos dentro del garaje cuando Raúl ha dicho que llegaba la hora de irnos. En ese momento un escalofrío ha recorrido mi cuerpo. Llegaba la hora de la verdad. El motor estaba en marcha, pero… estábamos dentro de un garaje. ¿Podré sacar este bicho de aquí? Pronto se disiparon mis dudas. Raúl me invitaba a subir como acompañante, y el coche lo sacaba el del garaje, algo que para mi ha sido un alivio. Mientras subíamos por la rampa, me deleitaba con la respuesta del coche, dando un par de pisotones al acelerador. Mientras me pegaba al asiento, yo pensaba “cuidado, que esto responde al más mínimo toque del acelerador”.

Una vez arriba, ver como el jardinero del edificio miraba el coche me ha hecho darme cuenta de que todo era verdad. Deben estar acostumbrados, ya que el edificio es la sede de GT Club, y no tienen malos coches precisamente, pero aún así el hombre era incapaz de cerrar la boca. En ese momento, después de que me tuviesen que explicar como abrir la puerta, tocaba ponerme al volante. Raúl me ayudaba a ajustarme la posición, y me explicaba un par de cosas básicas del coche. Abrochamos el cinturón, y llegaba el momento de ponerse en marcha.

Raúl se sentaba en el sitio del acompañante, y me instaba a pulsar la leva derecha del volante para engranar la primera velocidad. Un suave roce al acelerador, y el coche comenzaba a moverse. El volante se movía sin ningún esfuerzo para encarar la calle a la que salía el garaje. Y llegaba el momento de acelerar un poco antes de girar nuevamente. Aún haciéndolo con mucho cuidado, se notaba el empuje del impresionante motor. Tocaba el freno, para ver que tal frenaba, y sin ningún problema el coche casi se detenía. Eso si, el tacto era algo duro. Raúl me recordaba que los frenos son carbo-cerámicos, y que, por lo tanto, necesitan coger una cierta temperatura para ser verdaderamente efectivos. Nos dirigimos hacia la A6, y en un abrir y cerrar de ojos el Ferrari es capaz de merendarse a un Toyota RAV4 y a un Renault Twingo que circulaban delante de mi. Es impresionante ver como al pulsar la leva de aumento de marcha el coche te lleva aún más rápido gracias al autoblocante. El cambio es tremendamente rápido, unas 150 milésimas en cambiar de marcha según las cifras oficiales. Al reducir de marcha, el coche hace un agradecido doble embrague que te deja disfrutar del rugido de sus 8 cilindros en V.

Después de unos kilómetros al volante, me da por fijarme en la velocidad. Circulábamos a cerca de 150 km/h tras un BMW, y cuando el coche se apartó, solo tuve que hundir un poco el pie en el acelerador para pasarle sin la más mínima dificultad. Circulando a velocidades normales (120 – 130 km/h) el coche transmite la sensación de no estar moviéndose. Es como ir en cualquiera de nuestros coches a 60 km/h.

Por suerte, la carretera se despejó, y pude aprovechar un par de veces la quinta marcha, antes de meter sexta. Todo era impresionante. El sentirte pegado al asiento cuando acelerabas, el ver que el coche frenaba con una seguridad impresionante, el aplomo que tenía en las curvas de la autopista, el ruido del motor… todo era especial. También era muy bueno el tacto del volante, que se endurecía al subir la velocidad, algo que se agradecía y mucho, ya que en ningún momento costaba manejar el coche.

En cualquier caso, a un servidor le gustan más las curvas, así que quería probar a forzar un poco en alguna curva un poco más cerrada. Al llegar a Las Matas, Raúl me comentó que íbamos a bajar por la M-503 de nuevo hacia Pozuelo, y allí me encontre con la oportunidad. Engranaba la tercera velocidad, y me encontraba la carretera completamente libre, así que era el momento de forzar el Ferrari. Se trataba de un giro completo para incorporarnos a otra autovía, y aunque comencé despacio, apreté poco a poco el acelerador para subir la velocidad. Me sorprendió que en ningún caso la parte trasera hiciese el más mínimo extraño. Todo respondió a la perfección, y todavía me invitaba a acelerar más, algo que no hice al tratarse de carretera abierta. También hay que tener en cuenta de que el diferencial, que se maneja desde el volante, estaba en la posición de piso deslizante, lo que hacía que todo el coche fuese mucho más noble, pero Raúl me comentó que era noble en todas sus posiciones, aunque en algunas permite deslizar un poco la trasera.

Ya con más confianza en el coche, pude acelerar un par de veces más con el, y comprobar que el difusor trasero no es un mero adorno, y que sujeta el coche a la perfección. La suspensión es otra delicia. Es dura, obviamente, sujeta el coche que se mueve como una autentica tabla, pero a pesar de todo es bastante cómoda.

En cuanto al motor, poco puedo decir, la verdad. Reacciona a todo lo que le pides. Como prueba, en cuarta velocidad eche el motor abajo de vueltas. Lo deje a unas 2.000 revoluciones por minuto, y aceleré. Me sorprendieron los bajos que tiene el coche. El motor iba subiendo de vueltas, aunque se notaba cierta pereza que desapareció en cuanto alcanzamos las 3.500 o 4.000 rpm.

Finalmente volvimos a llegar a Pozuelo, y llegaba otra particularidad del coche. La caja de cambios no pasa a la marcha neutra bajando una marcha más al llegar a primera, si no pulsando las dos levas del volante de forma simultanea. Algo sin mayor importancia, y que está relacionado con la construcción de la caja de cambios.

Baje del coche con una sonrisa de oreja a oreja, y con la sensación de que es un coche impresionante. Me gustaría haber estado más tiempo con el, por supuesto, ya que os puedo asegurar que no le he sacado ni el 15% de lo que tiene dentro ese Ferrari. En ningún momento me atreví a superar las 6.500 revoluciones por minuto, aunque Raúl me indicó que el comportamiento del coche cambia ligeramente a partir de las 7.000, pero esto era un simple paseo, y la experiencia ha sido de lo más impresionante para mi. Ojala pueda repetir algún día, y sacarle algo más de partido al coche. Es una experiencia que recomiendo a todos los que les guste la conducción, y que podéis conseguir a través de GT Club en la web www.ferrari-experience.com.

Por último, agradecer el trato que hemos recibido por parte de Raúl García, que amablemente nos explicaba todos los detalles del coche, y con quien después del “paseo”, hemos mantenido una animada charla sobre rallies, que espero que podamos continuar tranquilamente delante de un café, y recordar algunas otras anécdotas a parte de las que hemos comentado ya hoy.

Firma: Asfaltoytierra


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